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Cuando jugamos demasiado pequeño en la vida

25 ago
3 min de lectura


Hay momentos en los que dejamos de perseguir aquello que realmente queremos, no porque haya desaparecido el deseo, sino porque en algún punto aprendimos a tener miedo.


Tal vez ocurrió después de un fracaso, un despido, una pérdida económica, una relación que terminó, un proyecto que no funcionó o simplemente después de acumular demasiadas decepciones. Entonces comenzamos a buscar seguridad.

Y sin darnos cuenta, empezamos a jugar pequeño.


Jugar pequeño no significa necesariamente tener una vida sencilla. Tampoco significa que tengamos que ser famosos, millonarios o extraordinariamente exitosos. Se trata de algo mucho más íntimo: vivir por debajo de aquello que sabemos que somos capaces de explorar, crear o experimentar.


A veces jugar pequeño se siente como aburrimiento


Uno de los sentimientos que puede aparecer es el aburrimiento.

Nos aburrimos del trabajo.Nos aburrimos de hacer siempre lo mismo.Los proyectos que antes nos emocionaban comienzan a sentirse repetitivos.Cumplimos con nuestras responsabilidades, pero sentimos que algo falta.


Podemos incluso estar agradecidos por lo que tenemos y, al mismo tiempo, sentir:


“Esto ya no es suficiente para mí.”


Y eso no necesariamente es ingratitud.


A veces simplemente hemos crecido más allá de la estructura que construimos.

Tenemos capacidades que no estamos utilizando. Ideas que seguimos posponiendo. Conversaciones que no estamos teniendo. Decisiones que sabemos que eventualmente tendremos que tomar.


Entonces aparece una incomodidad difícil de explicar.


No estamos necesariamente mal.


Estamos subutilizados.


Cuando el miedo se disfraza de prudencia


Después de una decepción podemos comenzar a negociar con nuestros sueños:

Cuando tenga más dinero, comienzo.

Cuando tenga estabilidad, lo intento.

Cuando termine esto, entonces hago aquello.

Cuando esté completamente preparado, doy el salto.

Estas decisiones pueden parecer responsables —y algunas realmente lo son—, pero también existe una diferencia entre prepararnos estratégicamente y utilizar la preparación para evitar sentir incertidumbre.

El problema aparece cuando pasamos años preparándonos para vivir.


La seguridad comienza a convertirse en una condición:

“Primero necesito tener todo bajo control y después me permitiré hacer lo que realmente quiero.”


Pero quizá nunca llegue un momento en el que todo esté bajo control.


¿Cómo se siente jugar demasiado pequeño?


Puede sentirse como tener mucha energía y ningún lugar significativo donde colocarla.


Puede sentirse como irritabilidad, aburrimiento, inquietud o una necesidad constante de comenzar algo nuevo.


Puede sentirse como levantarnos para trabajar y saber que podemos hacerlo perfectamente, pero no encontrar entusiasmo.


También puede aparecer como una pregunta recurrente:

“¿Esto es todo?”


No necesariamente porque nuestra vida esté mal, sino porque existe una distancia entre la vida que estamos viviendo y la vida que sentimos curiosidad por descubrir.


Jugar en grande no significa hacerlo todo


También debemos tener cuidado con romantizar la ambición.

Jugar en grande no significa abandonar nuestras responsabilidades, arriesgar todo nuestro dinero o perseguir constantemente la próxima meta.

Tampoco significa vivir permanentemente produciendo.

A veces jugar en grande significa decir que no.

Cerrar un proyecto.

Cambiar de dirección.


Cobrar lo que realmente vale nuestro trabajo.

Solicitar una oportunidad que creemos que está fuera de nuestro alcance.

Crear aquella empresa.

Escribir aquel libro.

Regresar a estudiar.

Producir aquella obra.

Tener aquella conversación.

O simplemente permitirnos reconocer:


“Quiero algo diferente.”


Tal vez el aburrimiento está intentando decirnos algo


No todo aburrimiento significa que necesitamos transformar nuestra vida. Podemos estar cansados, saturados o simplemente necesitar descanso.

Pero cuando la sensación permanece durante meses o años, vale la pena escucharla.


En lugar de preguntarnos inmediatamente:


“¿Qué trabajo debería hacer ahora?”

podemos profundizar:


“¿Qué parte de mí no tiene espacio para expresarse en la vida que estoy viviendo?”


Quizás necesitamos creatividad.

Quizás liderazgo.

Quizás libertad.

Quizás profundidad.

Quizás aventura.

Quizás impacto.

Quizás simplemente necesitamos volver a sentir que estamos construyendo algo que verdaderamente nos importa.


Volver a jugar en grande


No necesitamos saber exactamente hacia dónde vamos para comenzar.

Podemos empezar recuperando pequeñas partes de aquello que dejamos atrás.

Una hora para desarrollar una idea.


Una llamada.

Una propuesta.

Una colaboración.

Una solicitud.

Una inversión pequeña y consciente.


Un primer paso hacia aquello que seguimos posponiendo.

Porque jugar en grande no necesariamente comienza con una gran decisión.


Muchas veces comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente:

“¿Qué tengo que hacer para sobrevivir?”


y volvemos a preguntarnos:

“¿Qué quiero construir con el tiempo que tengo aquí?”


Quizás esa sea una de las preguntas más importantes que podemos hacernos.

Porque existe una diferencia enorme entre estar ocupados y sentirnos vivos.

Y algunas veces, ese aburrimiento que tanto intentamos eliminar no está diciendo que necesitamos otra distracción.


Quizás está intentando recordarnos que ya crecimos demasiado para continuar viviendo dentro de una versión pequeña de nosotros mismos.

 
 
 

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