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¿Cuántas vidas podemos sostener en una sola vida?



Vivimos en una cultura que nos enseña a escoger una sola identidad. Desde pequeños nos preguntan qué queremos ser cuando seamos grandes, como si la respuesta debiera acompañarnos para siempre. Elegimos una carrera, una profesión, una forma de vestir, un grupo social, una manera de pensar e incluso una idea de quiénes somos. Sin darnos cuenta, comenzamos a defender esa identidad como si fuera permanente.

Pero la vida parece tener otros planes.


Con el paso de los años descubrimos que aquello que alguna vez nos definió deja de hacerlo. Cambian nuestras prioridades, nuestros valores, nuestros sueños y las personas que nos acompañan. Lo que antes nos hacía sentir vivos puede dejar de emocionarnos, mientras nuevas posibilidades aparecen sin previo aviso.


Entonces surge una pregunta fascinante:

¿Cuántas vidas somos capaces de vivir dentro de una sola existencia?


La ilusión de ser siempre la misma persona


Si pudieras conversar con la versión de ti que tenía diez años, probablemente sentirías que hablas con alguien completamente diferente. Lo mismo ocurriría con la persona que fuiste hace cinco años, o incluso hace apenas unos meses.

Has cambiado la forma en que amas.

Has cambiado la forma en que trabajas.

Has cambiado aquello que consideras éxito.

Incluso han cambiado tus miedos.

Sin embargo, solemos pensar que existe un "yo verdadero" al que debemos permanecer fieles, cuando quizás nuestra esencia no consiste en permanecer iguales, sino precisamente en evolucionar.

Cada etapa de nuestra vida nos exige convertirnos en alguien distinto.

Y eso no significa perder nuestra identidad.

Significa expandirla.


Morir antes de morir


Toda transformación implica una pequeña muerte.

Muere el estudiante para convertirse en profesional.

Muere el empleado para dar paso al emprendedor.

Muere la pareja que fuimos cuando aprendemos a amar de otra manera.

Muere el hijo dependiente para convertirse en adulto.

Muere el ego que necesitaba aprobación para dar paso a una persona más libre.

Estas muertes simbólicas suelen ser dolorosas porque implican despedirnos de aquello que conocíamos. Incluso cuando una etapa nos hacía sufrir, existe una parte de nosotros que encuentra seguridad en lo familiar.

Por eso muchas personas permanecen años en lugares donde ya no pertenecen.

No porque sean felices.

Sino porque temen descubrir quiénes podrían llegar a ser.


Las vidas que nunca vivimos


Existe una frase atribuida a diferentes autores que dice que la persona más rica del cementerio no es quien acumuló más dinero, sino quien murió con menos sueños sin cumplir.


Quizás todos llevamos dentro muchas vidas posibles.

La del artista que nunca pintó.

La del músico que abandonó su instrumento.

La del viajero que siempre pospuso el boleto.

La del escritor que creyó no tener nada importante que decir.

La del emprendedor que nunca se permitió fracasar.

La del amante que nunca expresó lo que sentía.

Cada decisión abre una realidad y, al mismo tiempo, cierra muchas otras.

Pero mientras estemos vivos, nuevas puertas continúan apareciendo.


Reinventarse no es empezar desde cero


Existe una creencia equivocada de que cambiar de rumbo significa desperdiciar todo lo vivido.

Nada más lejos de la realidad.

Quien decide reinventarse nunca comienza desde cero.

Comienza desde la experiencia.

Cada habilidad aprendida, cada error cometido, cada conversación difícil y cada fracaso forman parte del equipaje que llevamos hacia nuestra siguiente etapa.

El maestro que decide emprender sigue siendo maestro.

El ingeniero que descubre el arte sigue pensando como ingeniero.

El terapeuta que aprende música sigue llevando consigo su capacidad de escuchar.

Nada desaparece.

Todo se transforma.

Nuestra historia no se borra; simplemente adquiere un nuevo significado.


El miedo a decepcionar


Una de las razones por las que muchas personas no cambian de vida es porque sienten que decepcionarán a quienes las rodean.

Temen que les digan que están confundidas.

Que están empezando demasiado tarde.

Que están desperdiciando sus estudios.

Que están siendo irresponsables.

Pero pocas veces nos preguntamos algo más importante:

¿Cuánto cuesta vivir una vida diseñada para satisfacer las expectativas de otros?

Quizás el mayor riesgo no sea cambiar.

Quizás el verdadero riesgo sea permanecer durante décadas en un lugar donde nuestra alma dejó de crecer hace mucho tiempo.


Vivir muchas vidas con conciencia


No se trata de cambiar constantemente por impulso ni de abandonar todo cada vez que aparece una dificultad.

Se trata de escuchar cuándo una versión de nosotros ya cumplió su propósito.

Hay etapas para construir.

Etapas para sostener.

Etapas para descansar.

Y etapas para soltar.

La sabiduría consiste en reconocer la diferencia.

Porque aferrarse a una identidad por miedo puede ser tan limitante como cambiar sin dirección.


La verdadera abundancia


Quizás la abundancia no se mida únicamente por el dinero, las propiedades o el reconocimiento.

Tal vez una persona verdaderamente abundante sea aquella que se permitió explorar todos los talentos que habitaban dentro de sí.

Que tuvo el valor de aprender oficios nuevos.

De conocer culturas distintas.

De enamorarse nuevamente de la vida.

De pedir perdón.

De comenzar otra carrera a los cuarenta, cincuenta o sesenta años.

De descubrir que nunca era demasiado tarde para volver a empezar.


¿Cuántas vidas caben en una sola?


Tal vez cinco.

Tal vez veinte.

Tal vez cien.

La respuesta dependerá de nuestra capacidad para aceptar que el cambio no es una amenaza, sino una manifestación de la vida misma.

Porque la naturaleza nunca permanece inmóvil.

Los árboles cambian de hojas.

Los ríos cambian de cauce.

Las estaciones se transforman.

Nuestro cuerpo cambia constantemente.

¿Por qué nosotros deberíamos ser la excepción?

Quizás la pregunta correcta nunca fue "¿Quién soy?"


Sino:


"¿Quién estoy dispuesto a convertirme ahora?"

Y quizás el mayor privilegio de estar vivos sea precisamente ese: descubrir que aún quedan muchas vidas por experimentar antes de que esta termine.

 
 
 

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